Por décadas, mineros han sido sometidos al “cachorreo” en la zona de explotación de oro más alta del mundo, en la región peruana de Puno. Una modalidad en que se trabaja gratis por más de 20 días en favor de los operadores, para así ganarse el derecho de sacar mineral en provecho propio. Este sistema de trabajo viola toda norma legal. Muchos cachorreros no obtienen lo mínimo para vivir. Además, asumen riesgos. No tienen contratos, pueden morir en derrumbes en los socavones, por explosiones o asesinados por la delincuencia. Los que sobreviven a los accidentes son abandonados a su suerte.
Elmer Mamani (*)
Teófilo Cutimbo Pacombía tiene 68 años y hace 14 sufre de paraplejía flácida. Solo a través de una pantalla puede apreciar a Ccotos, el pueblo que fue siempre su hogar. Sus hijos instalaron cámaras que apuntan al camino de tierra, a las chacras de cebada, al lago Titicaca. Las cristalinas y azules aguas del embalse sólo se le aparecen en frías imágenes.
Ccotos pertenece a una de las regiones más pobres de Perú: Puno. Allí el 41.6% es pobre y 13.9% a niveles extremos. Como muchos menores ahogados en la miseria, Teófilo Cutimbo tuvo que dejar el colegio y trabajar en su niñez. Desde los 12 años fue ayudante de un maestro albañil. En su juventud fue parte de la masa obrera que levantó el Aeropuerto Inca Manco Cápac de Puno y de adulto, para sostener a sus ocho hijos, se dedicó a la vigilancia y minería.
Un Sábado Santo, en el centro poblado La Rinconada, la zona minera informal más alta del globo, le arrebataron la movilidad de sus piernas. En un socavón del sector San Andrés, un derrumbe partió literalmente en dos su columna cerca de las 10:00 de la mañana del 3 de abril del 2010. La conclusión médica fue traumatismo vertebro medular. El mismo deslizamiento de roca, mató a su compañero Pedro Pablo Pancca. La tragedia lo sorprendió sentado.
-De repente un planchón nos cayó de arriba-recuerda Teófilo en su cama y con sus manos en una Biblia.
Cuando le retiraron la roca, las piernas de Teófilo Cutimbo se desplomaron como si fueran resortes. Intentó moverse y empezó un dolor insoportable. Lo llevaron a la ciudad más cercana, Juliaca, pero no encontraron atención en clínicas privadas por ser fin de semana. Lo condujeron al hospital Goyeneche de Arequipa, otra región peruana. De esa travesía de ocho horas, solo recuerda pasajes porque de vez en cuando se desvanecía de dolor.
Dos años antes del accidente, Teófilo Cutimbo llegó a trabajar a La Rinconada, del distrito puneño de Ananea, a más de 5 200 mil metros sobre el nivel del mar y donde las temperaturas son gélidas y convierten en hielo todo lo líquido. Se trató de un acuerdo verbal, sin contrato de por medio y con la condición de que cuando hubiera oro podría sacar el mineral para sí mismo. Esta modalidad es conocida como “cachorreo”, una forma de explotación laboral que se ha permitido desde los orígenes del centro poblado.

La mayoría de mineros del más bajo rango trabajaron año a año en esas precarias condiciones. El 87.2% de la masa trabajadora del 2019, fueron cachorreros según la encuesta realizada por la Universidad Amberes de Bélgica a la zona minera. Rubén Rojas, intendente de SUNAFIL Arequipa, indica que son faltas muy graves no entregar contratos a los empleados ni pagar remuneraciones, según el reglamento de la Ley General de Inspección de Trabajo. Esta modalidad tampoco se ajusta a un proceso de contratación equitativa que protege la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Es decir, no solo está desligada de las leyes peruanas, sino también no se respetan los derechos humanos, ni se cuida a la población vulnerable expuesta a abusos.
Teófilo Cutimbo soportó dos años sin pago alguno como vigilante para la Cooperativa Minera San Francisco de Rinconada. Francisco Lima Mamani, socio del entonces dueño, Tomás Mullisaca Huanca, lo invitó a trabajar. Cuando hubo oro, le ordenaron limpiar el socavón a cambio de sacar mineral para él y Pablo Pancca.
-“¡No me vas a denunciar!”, me dijo Lima. En el suelito se arrodilló, al pie de mi cama. “¡No me vas a denunciar! Si no de donde te vamos a dar plata. Nosotros te vamos a dar todo, te vamos de dejar sano”, me dijo […] Sano me entregarán, confié-recordó. Tras la emergencia, Lima desapareció. Solo cuando expuso su caso en una radio de Juliaca, con la advertencia de denunciarlos, Tomás Mullisaca apareció para transar. Conciliaron con la promesa de pagarle cada mes S/ 200 (USD 50). Solo cumplieron cuatro meses y se desentendieron.
-Ahora no se recuerdan nada. Me dejaron así: vivo arriba, muerto abajo.
La suerte
La Rinconada tiene sus calles llenas de barro. Mucho de lo que pisan los mineros es también relave. Desciende de los “trapiches” (máquinas moledoras de piedra), que usan mercurio para extraer el oro, y se confunde con el hielo que se derrite. Ese veneno discurre finalmente hasta contaminar la cuenca del río Ramis. El centro minero es un enjambre de cientos de diminutas casas, muchas de calamina y abandonadas; gente tomando cerveza en las calles; explotación sexual a la vista; y niveles extremos de crimen y violencia. En su mayor apogeo se calcula que 60.000 personas la habitaron, 30.000 de ellos solo mineros.
-Recuerdo que estaba tomando (cerveza) y un minero pasó y sacó su arma. ¡Pum!, disparó a otro minero. El asesino se fue caminando. Metros abajo corrió un poco y se perdió. ¿Quién va a ir detrás de él? La Rinconada es una ratonera y corres el riesgo de que te metan otro balazo-relata Roberto Salcedo, un arequipeño de 39 años que pisó este centro minero en el 2017 y fue almacenero de una contrata minera hasta la llegada de la pandemia (2020).

Gente de todos los rincones del Perú, ancla en este punto de la cordillera. De las provincias puneñas de San Román (Juliaca), Sandia, Azángaro, Ilave, por ejemplo. También de otras regiones como Arequipa, Cusco, Madre de Dios. Llegan buscando ese golpe de suerte que debería cambiarles la vida. Pero la realidad es otra: derrumbes, accidentes, asesinatos, explosiones, son moneda corriente. En los últimos 6 años (2018-2023), la Policía registró 59 homicidios. Solo el 2021 sucedieron 18.
“El cachorreo es la suerte que tú tengas”, define Roberto Salcedo al sistema implantado para los mineros de más bajo rango, como ayudantes, limpiadores de socavones, operadores de maquinaria, vigilantes. Consiste, explica, en trabajar gratis 25 días para el dueño o casa, y entre 3 a 5 días en provecho propio. La estructura y funcionamiento de La Rinconada es piramidal y los cachorreros están en la parte más baja. Por encima de ellos, hay 468 contratistas que extraen el oro de los yacimientos. Por encima de las contratistas están las cooperativas Minera Lunar de Oro, Minera Cerro Francisco y Minera San Francisco La Rinconada, quienes entregan los contratos de explotación. Y por encima de todos está la Corporación Minera Ananea S.A. titular de las concesiones y que se ubica en la cúspide del sistema.
Solo una vez, Roberto Salcedo gozó de suerte. Consiguió S/ 14.000 (USD 3690) en un día de cachorreo. Sin embargo, hay personal que subsiste y que no le toca nada. Según el diccionario de peruanismos, el cachorreo “es un trabajo no asalariado que tiene como única compensación el oro que el minero pueda encontrar en un pequeño lapso de días”.
Raúl Ortega Pineda sostiene que la modalidad tendría sus cimientos en el ayni, un sistema de reciprocidad que atravesó la época preinca, inca, hasta nuestros días. “El ayni, no es otra cosa que la ayuda. Tú haces algo y yo te ayudo. Cuando yo hago, tú me ayudas. Es un proceso de colaboración, de retribución en la minería”, describe el ex subdirector de Minería del Gobierno Regional de Puno. Sin embargo, el 55% de cachorreros se sintió insatisfecho con la forma de pago, señala la encuesta de la Universidad de Amberes. Y es que la distribución del oro es considerada desigual.

Un sobreviviente
Antes de perder los dos ojos y dos dedos de la mano derecha, Inocencio Soncco Hanco estaba de mala racha. No encontraban mineral para sí mismos. Como si de pronto el oro desapareciera. Inocencio cree que los hacían ingresar al socavón a propósito, cuando la contrata perdía el rastro del preciado metal.
Tradicionalmente les dejaban un corte (80 a 100 centímetros de ancho), con el que sacaban 10 baldes de mineral. Con suerte, cada balde contenía entre 2 a 3 gramos de oro al final del proceso. Pero el 50% de las ganancias se iban en dinamita, combustible, maquinaria, molienda y mercurio. El resto se tenían que repartir entre tres o cinco mineros.
-¿Cuál fue la vez en que ha ganado más?
-Casi nunca. A veces ni un gramo.
-¿Entonces porque seguía trabajando?
-La esperanza, el factor suerte. Cuando aparece un buen corte, eso te recompensa. El mineral es bastante rentable y recuperas todo lo que perdiste.
-¿Alguna vez pasó?
-Casi no. Algunos sí sacaron hasta medio kilo de oro. Era su suerte.
Inocencio Soncco tiene 43 años y es de Azángaro, otra provincia puneña pobre. Es técnico de computación, pero se decidió por la minería porque el dinero no le alcanzaba. Además, muchos de sus parientes iban y la necesidad de su familia apremiaba. Empezó a trabajar en La Rinconada en 2011 para varias contratas y como a la mayoría, sus acuerdos fueron verbales. Empezó sacando material rocoso de los socavones (limpieza), luego pasó a vigilancia y llegó a ser ayudante de perforista.
El primero de diciembre del 2016 trabajaba para Multiservicios Ochoa Industria Comercio y Servicios E.I.R.L. Juntos a dos de sus compañeros, les pidieron perforar 15 cortes y para ellos como “recompensa” les dejarían 3. Eran las 05:30 horas y faltaba perforar y colocar dinamita en dos cortes. Mientras trabajaban en el último frente sucedió la explosión.
-Lo vi todo cuando explotó la dinamita. ¡Pum! Y toda mi cara y ojos se prendieron. No perdí el conocimiento, pero el maestro perforista y el pisa barreno se desmayaron. Empecé a gritar, a pedir ayuda. Después de media hora me sacaron en una frazada-rememora Inocencio Soncco. La perforadora hizo estallar un resto de explosivo que dejaron. No solo perdió la vista y dedos, también parte de su cuello y cabeza que tuvieron que reconstruir con platino.
A Inocencio Soncco también le prometieron apoyarlo hasta su total recuperación con la condición que no los denuncien. En una clínica privada de Juliaca, Huber Ochoa Lucana, hermano de Honorato Ochoa, dueño de Multiservicios Ochoa; le dijo a su esposa, Albertina Machaca Chambi, que los apoyarían en todo, incluso les darían un mototaxi y laptop para sus hijos. Pagaron la operación, años después por reclamar le dieron S/ 40.000 (USD 10.000) y después nuevamente se desentendieron.
Ante estos abusos, Inocencio Soncco, con otros sobrevivientes, formaron la Asociación Personas con Discapacidades Visuales Los Nevaditos La Rinconada Lunar de Oro en 2023. Su objetivo es que el Estado, mediante una ley, reconozca con una compensación que adquirieron su discapacidad trabajando en el sector extractivo.
-La vida que llevó nadie la querría. No es igual. Antes trabajaba para mis dos hijos. Ahora no tengo cómo ayudarles-lamenta.

La mita y La Rinconada
Aún con sus diferencias, lo que pasa hace décadas en La Rinconada, hace recordar la explotación con la mita minera en la época de la colonia. Era un sistema de trabajo obligatorio. Los indios perecían sepultados dentro de los socavones. Otros morían por desnutrición, epidemias, accidentes, alcohol, indica Los trabajadores mineros en la época de Túpac Amaru, artículo del historiador Juan José Vega.
Quienes sobrevivían tenían la salud tan resquebrajaba que no podían volver a sus pueblos de origen. Tampoco recibían jornales de sus patrones que se aprovechaban de ellos. Los cargadores del mineral, llamados apiris, se despeñaban de grandes altitudes por el peso del bulto en sus espaldas. En Huancavelica, las madres preferían tullir a sus hijos para evitarles el castigo de la mita. “Los preferían inválidos antes que en las minas (…), verdaderos sepulcros para vivos”, escribió Vega.
No hay un registro de accidentes de La Rinconada y si lo hay, es mínimo, señala Raúl Ortega, ex funcionario del Gobierno Regional de Puno. El artículo 164 del Decreto Supremo N°024-2016-EM indica que el operador debe comunicar un incidente, emergencia o accidente mortal al Ministerio de Energía y Minas (MINEM) dentro de las 24 horas de ocurrida. No siempre sucede esto en la actividad informal. Se pidieron informes anuales de accidentes a la Dirección Regional de Energía y Minas de Puno y no hubo respuesta. “Las condiciones laborales en La Rinconada no son las legales. Por un lado, hay una necesidad de empleo. Las personas van y se ofrecen al empleador, a los contratistas. Cuando son admitidos, trabajan en condiciones marginales”, añadió Ortega.
Las neumoconiosis en los obreros es una consecuencia de esa marginalidad. El centro de salud La Rinconada atiende casos con este problema pulmonar. Melissa Esquivel, médico serumista del establecimiento, explica que la inhalación de polvo en los socavones les produce ese mal. “Es muy difícil tratarlos. La única solución es que dejen la mina”, indicó. Mario Veliz Huaracallo, hermano de Fermín Mayta Huaracallo, murió de silicosis, una de las más comunes neumoconiosis. Era barretero en los 90.
Justamente Fermín Mayta, ex cachorrero y expresidente de la Asociación de Trabajadores Mineros Base Cerro Lunar, trató de cambiar las normas que considera atentan contra los mineros ante el Congreso. Luego de la publicación del Decreto Legislativo N°1105, con que se inicia el proceso de formalización de la pequeña minería y la artesanal, se emitió el Decreto Legislativo N°027-2012. Esta norma etiqueta a los mineros de La Rinconada y Cerro Lunar como terceras personas.

“Sin embargo nuestro vínculo ha sido directo con los contratistas. Esta norma impide que haya contratos laborales con los que podamos denunciar abusos ante el Ministerio de Trabajo o la SUNAFIL. Cuando hay accidentes, los contratistas se niegan, se lavan las manos como Pilatos. Dicen que no trabajan, que son delincuentes”, cuestiona Mayta.
La impunidad también es acusada por Juvenal Gilt, representante de los trabajadores cachorreros de las minas La Rinconada y Cerro Lunar. “Si hay un muerto por accidente y el operador tiene a bien reconocerlo, lo indemniza. Si no, lo desconoce”, afirma. Añade que existe una gran desigualdad ya que el 95% del oro se lo llevan las contratistas y solo el 5% restante se reparte a la masa minera.
Oro finito
El número de trabajadores en La Rinconada ha disminuido. Marcos Huaricaya, fiscal de la Asociación de Mineros La Rinconada, estima que quedan 7.000 mineros. Las razones: mayor delincuencia y menor producción de oro. El ex funcionario de Puno, Raúl Ortega, señala que los recursos se han ido agotando y lo que quedaría es que la explotación suba a otra escala. Los trabajadores que se quedaron sacan de los socavones el llampo, el mineral marginal restante. El acuerdo es que el 50% del oro que saquen sea para los operadores y 50% para ellos. Pero, tampoco hay contratos y se asumen los mismos costos y riesgos.
-Ya no conviene trabajar acá-dice un trapichero (operador de máquina de molienda).
-Ganamos S/ 400 semanales (USD 105) y solo alcanza para la comida- dice otro minero.
-Tienes que tener más suerte para ganar bien-agrega el primero.
(*) Esta historia incorpora las herramientas brindadas en el Taller sobre trabajo forzoso y otras formas de esclavitud moderna (2da edición), realizado por el Proyecto Bridge Perú de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).